martes, 28 de octubre de 2008

Un encuentro más allá del arco iris

Un encuentro más allá del arco iris

Saltó por la ventana para encontrarse conmigo, así era ella, nada la detiene si se trata de buscar a quienes quiere. Sencilla, como son en verdad esos seres que aman a la gente y que miran el mundo con asombro. Su placer: compañía. Sus ojos pura miel, no solo por su color sino por la dulzura de su mirada. No he conocido persona o animal con una mirada tan dulce. En estos días nos miramos profundamente y así mirándonos le hablé. Le dije que la compensaría por el tiempo, aquellos meses que estuvimos separadas. Queríamos traerla a esta ciudad a vivir con nosotras pero los procesos burocráticos requerían que pasarán al menos tres meses después de su vacuna de rabia para entrar a Europa. Entonces no quedó más remedio y así fue como la dejé en la oficina de su doctor en Puerto Rico. A pesar del cuido, fueron dos meses duros, me lo dijo su mirada cuando nos reunimos nuevamente en mayo. Luego de un larguísimo viaje a Bélgica la fuimos a buscar Frida, Marinke y yo. Lucía cansada, triste. Al verme sólo pudo lamer mi mano y la abracé. La llevamos a Holanda al hogar de Marinke y Bas su nuevo hogar temporero. Debíamos esperar tres meses más para que cumpliera con los requisitos de las autoridades inglesas a las mascotas que entran a Reino Unido. Junto a Marinke y Bas recuperó su alegría. En aquel campo holandés vio cosas que una perra de urbanización boricua no ve…lagos, cantidad de flores, verde, caballos, ovejas y las siempre atractivas bicicletas. No sé por qué tenía esa fascinación al borde del terror hacía aquellas bicicletas que pasaban por su lado. Fueron para ella tres meses llenos de alegría por el encanto con lo nuevo y con las atenciones que recibía. Y para nosotras que la queríamos ya en nuestra casa en Londres fue tiempo de espera.

Kenya siempre ha sido una perra de iniciativas. La primera vez que la vi, salió a nuestro encuentro desde la marquesina de una casa, tres calles más abajo de la casa que en aquel entonces era el hogar de María y mío. Si bien la saludamos no le prestamos mucha atención y seguimos el camino. Pero ella que sabía lo que hacía, nos siguió hasta nuestra casa. María fue a devolverla a la casa de la marquesina, dijeron que la perrita no era de allí. Así supimos que era otra víctima de la insensibilidad de personas que olvidan que los animales también deben ser tratados con respeto y consideración. Ante la situación inmediatamente la llevamos al veterinario y luego de vacunada y desparasitada la ofrecimos a todas las amistades y familiares que pudimos. Fue así como Kenya se quedó uno, dos hasta diez años. La pequeñita creció hasta alcanzar veinte pulgadas de altura y pesar 70 libras. Su veterinario tenía razón cuando la miró por primera vez y me advirtió: “va a ser grande”. Vivaracha, cariñosa, nunca temerosa, Kenya siempre tuvo una gran “personalidad”. Sí, creo que le va bien el término personalidad pues a veces miraba como si tuviera algo que contar.

Llegó a Londres el día de mi cumpleaños, venía por auto desde Holanda con Marinke y Bas. Por fin iba a vivir con Frida y conmigo. Con ella se completaba el hogar. Estábamos nerviosas pues no sabíamos cómo le iría. Londres es una ciudad compleja, llena de gente, de mascotas… una ciudad de cosas interesantes pero llena de retos. Caminaría todos los días por el parque que nos queda a tres minutos de la casa y caminaría entre buses, bicicletas, vehículos y entre mucha, mucha gente. El parque le encantó sobre todo las ardillas, no dudo en ir detrás de ellas. Los autobuses no le gustaron mucho pero los toleró bien y sobre todo le encantó la gente, su único problema era que siempre se quería acercar demasiado. Así, Kenya parecía superar otro reto en su vida, era capaz de aprender cosas nuevas y acostumbrarse a un entorno nuevo, grande era nuestra alegría.

El sábado después de su llegada nos fuimos a pasear al peculiar e histórico cementerio de Abney Park en Stoke Newington. Fue una hermosa mañana, regresamos con Kenya a la casa para luego ir a almorzar en un pequeño restaurante de comida colombiana. Kenya estaba rendida, al llegar se acostó inmediatamente. Sólo se levantó cuando vio que partíamos sin ella. “Sube, a dormir” le indiqué, y sí parecía dormida cuando llegamos. Por eso me tomó unos minutos darme cuenta que estaba muerta. La encontramos tendida en la entrada del frente de la casa. La confusión fue grande pues no sabíamos cómo había llegado allí…hasta que miramos hacia arriba y vimos la pequeña ventana abierta. Mucho habíamos discutido Frida y yo sobre cómo protegerla de su entorno exterior. Hablamos sobre cómo enseñarle a caminar por la ciudad, entre gente, bicicletas y autobuses pero nunca imaginamos que vivir en un tercer piso no intimida a una mascota como Kenya sobre todo si se trata de estar con los suyos. En su cuerpo no había señales de sangre ni de traumas. Las autoridades nos informaron que un vecino la vio lanzarse pasadas las tres de la tarde, unos momentos antes habíamos partido a almorzar.

No sé cuánto se puede llorar a una mascota, no sé si es permitido estar de luto cuando perdemos un ser querido que no es humano. Sólo sé que en el hermoso relato mitológico del diluvio narrado en la Biblia, Dios hizo un pacto con los animales así como con los seres humanos y el símbolo de la promesa divina fue un arco iris. Por eso quiero pensar que algún día nos volveremos a mirar Kenya y yo, algún día más allá del arco iris…después de todo ella se lanzó por la ventana para encontrarse conmigo.

7 comentarios:

Edgard Francisco Danielsen-Morales dijo...

Querida Margarita, cuánto lamento escuchar que Kenya ya no está físicamente contigo y con Frida. Los compañeros no-humanos también son testimonios del amor de Dios. Te envío un fuerte abrazo. Edgard Francisco

William Moran-Berberena dijo...

Mi muy querida Margarita, no sabes cuanto lamento y siento la partida de Kenya, aun puedo recordar lo alegre, carinosa y vivaracha!!! Pero de ti un dia aprendi a celebrar la vida mas ue la partida de aquellos a los que hemos amado. Celebro la vida de Kenya, tu Kenya y la de tod@s los que tubimos la bendicion de conocerla!!!

almamarina dijo...

Se lo que es perder a una mascota, que más que un animal es un miembro mas de la familia. Mi perro Chapo, un boxer, de la noche a la mañana hubo que ponerlo dormir despues de 9 años con nosotros. De eso hace unos años y me parece que fue ayer. Por eso puedo entender cómo te sientes. De verdad lo lamento pues llegue a conocer a Kenya. Pero se que sabes que te va a estar cuidando desde ese otro lugar...

Marta dijo...

Querida Margarita, no importa la forma exterior que tenga el objeto de nuestro amor; el vacío que ella deja en nosotros cuando parte es igual de grande se trate de una persona o de un animal. Ahora una parte de ti ha desaparecido con Kenya ...y no se llenará en dos dias pero cuando haya pasado un tiempo, cuando no recuerdes con lacerante precisión la textura y la profundidad de su presencia, recordarás que se había entregado a tí y se lo agradecerás eternamente con una sonrisa y un beso. Mientras tanto os envío a ti y a Frida un abrazo cariñoso desde Barcelona. Marta

Unknown dijo...

Hola Margarita:

No tenia idea de esto.

Solo leia tus escritos y dejé este para el final. No tengo palabras.

El otro dia le comentaba a alguien que un perro (una mascota) es un compromiso que se adquiere por años. Terminan siendo familia.

Rien, nos esperan todo el dia, lloran si les duele, se asustan y siempre te reciben con una sonrisa.

Entonces, claro que es permitido llorarlos cuando se van y tener luto porque sabemos q no vuelven...y eso duele.

Te envio un fuerte abrazo, Sol

Belen Sampayo-Sárraga,MA dijo...

Margarita, que mucho me ha impresionado este relato...porque envuelve el amor de una mascota y la fragildad humana ante la muerte de lo que ammamos. Yo creo que existe un cielo donde todos volvemos a encontrarnos y sé que tengo una casita allá con un gran patio verde, ya sin las limitaciones del tiempo y el espacio donde me están esperando todos los animales que he amado. Un abrazo, Belen

Lucy I. Rosario Medina dijo...

Que dolor! Te entiendo... todavía extraño a mi gato Winimuka...todavía lo espero ... espero verle ...también Lucy